Lapacho Estudio no es una desarrolladora que compra un terreno, contrata a alguien para que se ocupe y vuelve el día de la entrega. Nosotros invertimos, controlamos y somos los que eligieron el ladrillo por ladrillo, discutieron dónde iba cada abertura y volvieron a la obra la semana siguiente para ver cómo había quedado.
Antes de decidir cualquier cosa nos hacemos la misma pregunta: cómo se va a vivir acá. Dónde vas a desayunar en invierno, por dónde va a entrar el aire en enero, qué vas a ver desde la cama al despertarte. Esas respuestas son las que ordenan el proyecto, no la planilla de costos.

Construimos viviendas en donde nos gustaría vivir.
Suena a frase de folleto hasta que hay que aplicarla. Significa rehacer un tramo de muro que quedó desparejo, esperar la partida de ladrillo que sí cierra en color y perder dos semanas corriendo una fundación para no cortar una raíz. Todo eso pasó en Tres Bocas.
No hay una capa de gente en el medio explicando por qué algo salió distinto a lo que se había hablado. Las decisiones de obra las tomamos nosotros, parados en el lugar, con el arquitecto, el maestro de obra y los obreros.
Cada metro cuadrado se discutió como si fuéramos a mudarnos nosotros. Por eso hay un patio en vez de un metro más de estar, y una galería orientada al sol de invierno en vez de una cochera más grande.
El cimiento, la pendiente del terreno, el aplome de un muro que va a quedar visto para siempre. Lo que nadie va a poder revisar después es justo donde miramos con más cuidado durante la obra.