Quiénes somos · Cómo construimos
Estas son las cuatro decisiones que ordenaron la obra de Tres Bocas. Cada una costó más plata o más tiempo que la alternativa fácil, y cada una se sigue viendo en la casa terminada.
Antes de dibujar la planta se relevó cada árbol del terreno: dónde estaba, qué diámetro tenía, hacia dónde daba sombra. Ese relevamiento fue el primer plano del proyecto y la casa se acomodó después.
No se sacó ninguno. Dos quedaron dentro de los patios y uno atraviesa el alero. Las zanjas de fundación se corrieron donde aparecieron raíces gruesas, y por eso hay tramos de cimiento que no siguen una línea recta.

La losa de hormigón quedó sin revestir. Acá no hay revoque que tape un muro mal aplomado ni cielorraso que esconda una losa despareja: lo que se ve es lo que se hizo.
Eso obligó a elegir el ladrillo por partida, mirando color y escuadra, y a asentarlo con junta tomada hilada por hilada. Donde hacía falta ventilar sin abrir un vano, el mismo ladrillo se giró y se dejó salir: la celosía está hecha con la pared, no agregada encima.

El alero se calculó para que el sol de invierno entre hasta el fondo del estar y el de verano no pase de la galería. El pasillo vidriado no está por lujo: es lo que ilumina el largo entero de la casa sin encender una lámpara.
Bien hecho, esto no se nota. Se nota la factura de luz.

El lote tiene pendiente y se angosta en punta. Lo fácil era rellenar y nivelar todo. En vez de eso el cimiento de piedra bruta se asentó a mano siguiendo el terreno natural, escalonado donde hacía falta.
Menos camiones de relleno, menos suelo compactado, menos raíces ahogadas. Y una casa que se apoya donde el terreno ya era firme.

Porque una casa terminada se parece bastante a cualquier otra en una foto. La diferencia está en decisiones que se toman con la casa abierta y que después quedan tapadas para siempre.
El archivo de obra existe para eso: para que se pueda mirar lo que hay abajo del piso y atrás del muro antes de decidir.